Vestida de Entrecasa

Qué suerte que empezó el Invierno. Si alguien quiere regalarme unas pantuflitas de polar o peluche, bienvenido sea.

2004-11-02

Tiñe la luz naranja del atardecer

Se calma y sosiega mi cuerpo,
por fin descansan mis ojos
cuando cae la tibia tarde,
y me conmuevo por pensarte.
Sonrío al imaginarte
sentado en el jardín,
embriagado de todo
lo que lleva tu nombre.


Abrazo

Tan lejos
y a la vez tan cerca de mi tacto.

Apoyo las palmas
sobre los vidrios helados,
y se siente como tus dedos largos.

Manos eternamente frías
como mis manos.

Necesitaría
que me abrazaras una vez más
antes de despedirnos,
antes de que te vayas
("me voy por unos días"),

¿me abrazás?

Es que quiero sentir tu fuerza
alrededor de mi cintura,
en tu intento de parecer entero y protector
para con ésta mujer
que a veces te parece nena,
pero que desea contenerte
para que olvides tu pena.









Culpa

La melancolía
me invade nuevamente.
Detesto volver a sentirme atrapada
por ésa sensación.

Me pasa igual que con el calor.

Y sin embargo no puedo dejar de pensarte.

Me da una culpa tremenda
andar arrastrando esto
durante tanto tiempo.

Me voy a la cama,
a ver si el sueño
me afloja el pecho
de una vez por todas.

Daría el alma
por despertar mañana junto a tus ojos
y nadar en ellos.

Siempre hago lo mismo.
Te miro... y cuando te suelto
y te dejo ir
me arrepiento.

Es que no tengo opción,
porque ni yo misma soy mía.